miércoles, 13 de marzo de 2019

Compartimos un momento

Una pareja volcada a despedirse dejan que el tiempo los encamine un poco acercándose e intercambiando miradas, él un poco tosco y nervioso la toma con un brazo de la cintura y ella proyectaba definitivamente ser un manojo de nervios, los cuales trataba de contener para poder tener compostura, con toda sinceridad ella estaba segura de que él lo haría, pero no quería que suceda de esa forma y menos mal algo lo detuvo.


Fue culpa mía no detenerlo y permitir que esa postura de niño necesitado de atención y que rogaba por caricias me toque el alma, su cuerpo abalanzado sobre el mio me presionaba contra el bar y mi mirada esquiva al igual que mis labios le repetían que no estaba bien, que no quería hacerlo, pero verlo así: triste, cabizbajo y acurrucado en mi cuello me enterneció. En el siguiente intento no lo detuve y su cara jugó muy cerca a la mía por un segundo donde pude percibir que temía nuevamente rechazo de mi parte, le rocé la mejilla derecha con mi mano y desesperado se abalanzó con un sólo soplo de aliento a mi boca, fuerte y firme movía sus labios mientras que al contacto, los míos temblaban. Después de un beso que duró demasiado según mi perspectiva, me temblaba todo: la voz, las manos, el cuerpo bajo el suyo y los labios que necesitaban nuevamente de ese golpe eléctrico que se disiparía por la falta de aire. Sabía besar, jamás me habían besado así en la vida; era brusco y suave, fuerte y delicado, conjugaba perfectamente sus labios con los míos y durante un buen rato el éxtasis del ambiente nos embriagó.


Teniamos una competencia y ahora lo único que tenemos son nervios, al principio se generó una especie de duelo de baile, algo bastante inofencivo segun mi perspectiva, que venía implicitamente con ciertas intensiones ocultas por una de las partes, la verdad es que nunca lo vi venir a simple vista. Ahora ansío volver a la pista de baile, pero creo que una de las cosas que más me aterra es volver a sentirme vulnerable bajo sus brazos y a merced de lo que pueda pasar en esas circunstancias. ¿Cómo es posible que todos estos sentimientos y pensamientos se contrapongan unos con otros y no permitan aclarar mi mente ni por un segundo?





lunes, 11 de marzo de 2019

Caos versus orden

Creo que si escribo algunas palabras lograré plasmar y aclarar un poco lo que está pasando, al menos escribir estas que a penas logro capturar de todas las que transitan a mil por hora por mi mente; con esto espero poder eximirme levemente de esa imagen tuya plasmada como un .gif de eterno movimiento, con esa sonrisa pícara que no evitas regalarme y por lo contrario te complace tener siempre que puedes permitírtelo. Creería también que lo mejor es no contarlo, no decirlo, no pensar y distraerme con otras cosas, ser capaz de maravillarme con mi día a día habitual, como siempre lo he hecho.
Saber que hay cosas que parecen buenas, perfectas y mágicas pero pueden doler a lo largo del trayecto y que lamentablemente el sufrimiento es una de las cosas en la vida que procuro evitar, soy de esas que se cubre con alegrías para no caer en la tristeza. Soy una persona reacia a apostar para no tener que perder, por más que esa apuesta esté a mi favor nunca me veré tentando al destino, así he sido siempre.
Miedos que encuentran como alojarse perfectamente dentro de mi y crecer a medida de lo permitido, inseguridades algo vampíricas que no se dejan ver a la luz del sol, una personalidad acorazada con pedazos de extroversión e introversión en donde me siento segura y libre para mostrarme feliz.
Y regreso a tí con mi pensamiento, después de dar vueltas entre varias cosas me encuentro nuevamente donde no quiero estar, soñando despierta cosas que no suceden y puede que nunca sucedan, regreso a unas ansias de poder tocar realidades inexistentes con texturas que parecieran hasta de otros planetas. Vuelvo a difuminarte, a pactar conmigo misma ciertas necesidades primarias, como la de mantener los pies en la tierra y dejar de tomar ciertos pensamientos, volar y dejarme arrastrar en estos torbellinos de ideas que colisionan y no contribuyen a nada real.


Cuando bailamos

Creo que aquella primera vez fue una prueba que no supo llegar a su fin, las cosas, al parecer un tanto forzadas llegaron rápido a un término en el instante en que él se retiró rendido y mientras yo disfrutaba bailando, porque la noche y la música me pedían que continúe.
No se si fue mi acercamiento jocoso y burlón lo que determinó en él un cambio. La mañana del lunes en la oficina esa fue mi actitud, hacerle ver que no había podido conmigo, que le había quedado muy grande el reto de bailar a pesar de aquellas palabras ofrecidas un poco antes de tirar la toalla, dejar la pista y perseguir la botella de alcohol que se encontraba sobre la mesa.
Así llegó a un segundo encuentro un hombre decidido a no dejarse vencer por nada y a demostrar que ésta vez era él el que llevaba el control de su cuerpo y que el cansancio no sería una excusa para retirarse. Por alguna razón algo obvia, ahora más que en la primera oportunidad, me tocaba nuevamente estar emparejada con él en la pista de baile; ciertamente no me disgustaba bailar junto a él ya que lo venía tratando desde hace un tiempo y se podía decir que ya había pasado de ser un mero conocido, amigo de un amigo, a ser alguien confiable y cercano. Me intrigó desde siempre su personalidad diferente a la de muchos: demasiado silente, algo irónico y sarcástico, con un sentido del humor muy peculiar y sobre todo su afinidad musical cercana a la mía, no muchos disfrutan de cierto tipo de música.
Pese a vernos rodeados por un estilo musical muy burdo en ese preciso momento la fiesta se empezaba a prender y yo iba dispuesta a disfrutar y a hacer valer mi inversión de la noche; con un par de tragos por delante ya estábamos inmersos en la pista, sin embargo no tenía idea de que la cosa iría a terminar en casi una batalla de ritmos en donde la mayoría de los arreglos musicales eran puros beats y las letras casi inentendibles harían que estos dos contendientes se perdieran el uno al otro.

Fácil verlo desde afuera, una pareja bailando reguetón diría cualquiera, el problema aquí es que con exactitud no lo eramos, no lo somos...
Mi corazón no me ayuda nunca en situaciones de actividad física, podía escucharlo casi salir de mi pecho y mezclarse con los bajos de lo que sea que estuviese sonando, podía sentirlo desprenderse de mi cuerpo y perderse en el que estaba adherido a mí mientras bailaba, podía sentir cada latido retumbando dentro y fuera, descontrolado y desordenado.
Por más que quiera esa noche mi cabeza la asimiló de una forma diferente a lo que mi cuerpo recuerda, nunca antes había experimentado la sensación esa de la que todos hablan, esa de: "dejarse llevar", y menos a ese nivel tan primitivo, básicamente y en mi poca o nada defensa se sentía bien bailar con él. ¿Qué si era correcto?, ¿quién sabe?, la realidad es que estaba pasando y permití que continuara.
Mi cuerpo recordaba ciertos movimientos asociados a ese tipo de música adquiridos hace ya muchos años atrás, cuando estaba de vuelta en el país y terminé en un colegio, digamos que algo delincuenciario. Aquellos movimientos que no ponía en práctica desde hacía mucho tiempo atrás y que jamás había usado de la forma en que se expondrían aquella noche bailando junto a él, simplemente por sentirlos inadecuados y vulgares según mi perspectiva, pero en ese preciso momento a sí hubiera querido no podría haber reaccionado de otra forma, de forma lógica. Lo único que deseaba era seguir envuelta en la música y sentir su cuerpo pegado al mio en un vaivén coordinado que no cesaba desde hacía ya al menos una hora; la noción del tiempo realmente era incierta a estas alturas, de lo único que me percataba era de su respiración.
Él respiraba fuerte y lentamente muy cerca de mi cuello y de la nada como si sufriera un corto circuito me dejó paralizada y casi sin poder retomar mi respiración por un instante, todo esto al sentir sus manos en mis piernas, justo en la parte interna de mis muslos, atesorandolos como para no dejarlos escapar; en mi cabeza existió por varios segundos una avalancha de acciones que se me hicieron imposibles de concretar. Mis manos que ya se encontraban ligeramente rozando mis piernas de forma involuntaria acompañaron a las de él entrelazando sus dedos con los míos, aferrándose juntas a mi cuerpo, mientras que mi espalda descansaba en su pecho y mi mirada agradecía que al menos por un rato no se iba a encontrar con la suya.



domingo, 10 de marzo de 2019

Nubes Negras

Estoy llena de nubes negras, sombras, de días y de noches, de risas y de alguna maldición.

...deseo.

Deseo estar entre tus brazos, desearía tener esa dicha y no la desdicha de no estar junto a tí.

Pero la realidad nos mantiene lejos, los pensamientos pesados empiezan a borrar los recuerdos y el tiempo no promete, porque su capacidad se redujo unicamente al pasar vano de los segundos.

Sin embargo el cariño está y en honor a él te escribo estas palabras para conmemorar un mes más de nuestra historia juntos.

Ya casi a una vuelta completa al Sol que nos ha iluminado en ésta aventura compartida. Con emociones abrumantes de felicidad y también con algunos desacuerdos y malos ratos. Todo lo vivido contigo lo atesoro y lo sabes, me encanta compartirlo con vos.

Estoy feliz de tenerte en mi vida y de seguirlo haciendo si Dios y nuestras ganas lo permiten. Estoy feliz de cumplir un mes más, espero que disfrutes éste pequeño detalle que tenía pensado para que hoy sea un día especial a pesar de la distancia.

Te quiero mucho enamoradito mío.
Bon appetit!!!

                                                                      -Laíz.


Ola Nerviosa

Ya me cansé de tener mi mente ocupada contigo y de no definir que es lo que pasa entre nosotros, creo que éste juego puede dejar de ser divertido para ti y en mí genera un oleaje de nervios que se abalanchan sobre cada uno de esos pensamientos protagonizados por ti. Deseos de correr, deseos de perderme en mitad del mar, deseos de gritar, deseos de viajar lejos de toda esta ansiedad que me generas, deseos de que no me dejes escapar...